Autor: Joan Arjones Vidal

  • La rebelión del norte: El Bodø/Glimt y la conquista de Europa a golpe de fe

    La rebelión del norte: El Bodø/Glimt y la conquista de Europa a golpe de fe

    El silencio de un estadio de ochenta mil personas es un sonido abrumador. Cuando el Giuseppe Meazza empezó a vaciarse, lo único que resonaba en la noche de Milán eran los gritos de un puñado de futbolistas vestidos de amarillo.

    Acababan de eliminar al Inter, el vigente subcampeón de Europa, en su propia casa. No hubo un golpe de suerte, ni un autobús aparcado en el área esperando los penaltis. Hubo fútbol. El FK Bodø/Glimt acababa de certificar su pase a los octavos de final de la Champions League y, con él, la bofetada más sonora a la lógica económica de este deporte moderno, malacostumbrado a la rutina.

    Para comprender la anomalía que supone este equipo noruego hay que mirar primero la clasificación de hace tan solo un par de meses. A falta de tres  jornadas para cerrar la nueva y exigente fase de liga de la Champions, los ordenadores y las empresas de macrodatos dictaron sentencia: el Bodø/Glimt tenía un 99,7 % de probabilidades de quedar eliminado. No habían ganado un solo partido. La lógica indicaba que su aventura europea debía terminar ahí, congelada antes de Navidad, como tantas otras veces les ocurre a los clubes pequeños que se asoman al escaparate de los grandes.

    Pero este grupo de jugadores, en lugar de encogerse, decidieron que si iban a caer, lo harían bailando. Después de un asombroso, y muy meritorio, punto en Signal Iduna Park recibieron al Manchester City de Pep Guardiola en el frío polar de su casa, el modesto estadio Aspmyra. Lejos de achicarse ante la maquinaria inglesa, pasaron por encima de ellos con un 3-1 rotundo, desdibujando a estrellas mundiales que parecían no entender qué estaba pasando.

    Poco después, hicieron las maletas, viajaron a Madrid y tomaron el Civitas Metropolitano. Le ganaron 1-2 al Atlético del Cholo Simeone, remontando un partido en un escenario diseñado para triturar esperanzas ajenas. Superar esas dos pruebas parecía el techo de su capacidad, el esfuerzo final antes de quedarse sin oxígeno. Y sin embargo, la campanada definitiva llegó en Italia, borrando del mapa a un Inter, reciente subcampeón europeo, construido para luchar entre los grandes del continente.

    La raíz de esta rebeldía frente a los gigantes no nace de un día para otro. Se forjó hace décadas, alimentada por el resentimiento y el orgullo herido. Bodø es una ciudad que apenas supera los cincuenta mil habitantes, situada al norte del Círculo Polar Ártico. Durante gran parte del siglo XX, la Federación Noruega, acomodada en los despachos de Oslo, prohibió por decreto que los equipos de esa región jugaran en la Primera División.

    La excusa en el papel hablaba de distancias kilométricas y campos impracticables por la nieve. La realidad: las élites del sur consideraban a los norteños como pescadores y mineros sin la sofisticación necesaria para competir en la élite. El Bodø/Glimt se construyó a la contra. Se convirtió en la bandera de una zona marginada que necesitaba gritar que existía. Cuando en los años setenta por fin tiraron abajo el veto burocrático y les dejaron jugar, respondieron ganando la Copa nacional.

    Hoy, ese mismo club desafía al continente con un presupuesto que apenas cubriría el salario de un jugador de banquillo de sus rivales. Y lo hace utilizando un arma inusual: la vulnerabilidad. El arquitecto del proyecto, el técnico Kjetil Knutsen, supo ver que el mayor freno de sus futbolistas no era técnico, sino el miedo al fracaso.

    En lugar de pedir a la directiva fichajes imposibles, Knutsen integró en su cuerpo técnico a Bjørn Mannsverk, un antiguo piloto de aviones de combate del ejército noruego. Su trabajo no consiste en explicar cómo defender un saque de esquina. Mannsverk instauró sesiones de meditación grupales. Obligó a los jugadores a sentarse en círculo y verbalizar sus inseguridades. Les enseñó a procesar la ansiedad extrema del deporte profesional de la misma manera que un piloto gestiona el pánico a miles de metros de altura. El resultado es un equipo anestesiado contra el miedo. Juegan un 4-3-3 de presión alta y ataques a tumba abierta, sin importar si enfrente hay un escudo histórico o una grada hostil. Salen a jugar con la valentía de quien no tiene nada que perder.

    Esa identidad se refleja de forma hipnótica en su afición. En los días de partido, las gradas del Aspmyra, de apenas 8.000 espectadores y césped artificial, se llenan de gente abrigada soportando temperaturas gélidas, pero el ambiente está lejos de ser solemne. El símbolo de los seguidores más ruidosos es un cepillo de dientes amarillo de tamaño gigante. Nadie sabe muy bien cómo aquella broma espontánea de los años setenta sobrevivió al paso del tiempo, pero hoy es el emblema perfecto de un club que se niega a tomarse el fútbol con la gravedad de un funeral.

    El Bodø/Glimt no ha llegado hasta aquí por intervención divina, sino por la ejecución perfecta de un plan. Han demostrado que el talento colectivo, una identidad innegociable y una cabeza limpia pueden resquebrajar los cimientos de un fútbol dominado por el negocio. Mientras Europa entera sigue intentando procesar cómo el subcampeón del torneo cayó ante un equipo del Ártico, en Bodø simplemente sonríen, agitan sus cepillos de dientes de plástico y se preparan para la siguiente tormenta.

  • Las conclusiones e incógnitas de una convulsa pretemporada

    Las conclusiones e incógnitas de una convulsa pretemporada

    La intriga se apodera de Bahrein. Las pruebas de pretemporada mostraron las bases iniciales de unos monoplazas aún por descubrir. No fue lo único destacable de los test, pues varios incidentes (que se podrían catalogar como anécdotas) azotaron el circuito.

    Uno de ellos fue un apagón que dejó sin luz el circuito durante casi una hora, afectando no solo la visibilidad sino también los sistemas informáticos y de telemetría de varias escuderías. Además, la segunda jornada estuvo marcada por la lluvia en pleno desierto, lo que al menos ayudó a disipar las fuertes rachas de viento del primer día. Finalmente, en la última sesión, uno de los cristales de la cabina en la línea de meta, donde se encuentra el encargado del semáforo, estalló de manera repentina.

    McLaren, gran favorito

    Aunque ni Lando Norris ni Oscar Piastri marcaron tiempos destacados en ritmo de clasificación, sus simulaciones de carrera fueron las más consistentes de la parrilla, con diferencia. Pese a que es imposible saber la diferencia en los mapas de motor respecto a sus contrincantes, el paddock (y los expertos) coinciden: McLaren será el favorito para el Gran Premio de Australia.

    Ahora bien, más difícil parece predecir cuál es su distancia real respecto a sus principales perseguidores. Pese a no mostrar su potencial en “sábados”, el MCL39 demuestra ser sólido en todo tipo de situaciones, y casi con toda seguridad, pugnarán por una encarnizada lucha por la pole.

    Aunque algunas tandas, como las de Piastri, se vieron afectadas por el grip, el rendimiento global del McLaren impresiona a la cabeza, lo que lo posiciona como principal contendiente a un Campeonato de Constructores que quieren revalidar. 

    Norris, sonriente tras los test. McLaren.

    Mercedes, Ferrari y Red Bull, incógnitas a la caza

    Positivismo, pero sin conclusiones esclarecedoras. Ninguno de los cuatro “cocos” han mostrado todas sus cartas, y pese a que las simulaciones de carrera colocan a los papayas como grandes favoritos, Mercedes, Ferrari y Red Bull aún tienen mucho que decir.

    La escudería inglesa destaca por su consistencia en estos test, siendo el equipo que más ha rodado: 458 vueltas. Tiempos fáciles, tandas sólidas y sin problemas aparentes. Pruebas superadas con éxito, y sensaciones muy parecidas a Ferrari, que además de un monoplaza de garantías para no descolgarse de la pelea, cuenta con una pareja de pilotos capaz de exprimir el SF-25 al máximo. 

    Más dudas hay en Red Bull después de una discreta pretemporada: pocas vueltas y tiempos que no destacan como en años anteriores. Aún así, el rendimiento del RB21 sigue siendo competitivo, especialmente con Max Verstappen al volante. La falta de simulación de carrera y los problemas con la estabilidad del coche sugieren que Red Bull que es el final, al menos, de la dominancia total de los últimos comienzos de campaña.

    Max Verstappen buscará su cuarto título mundial consecutivo. Red Bulll.

    La zona media, al rojo vivo

    Una lucha estéril, pero con espectáculo asegurado. La zona media de la parrilla promete una pugna cambiante sin dominadores claros.

    Williams, la gran sorpresa en esta pretemporada. Tanto es así que en el paddock sugieren que podría liderar la zona media y acercarse a los equipos más fuertes, al menos, en ritmo a una vuelta, puesto que Carlos Sainz marcó el jueves un tiempo de 1:29.348 (el más rápido de los tres días) que invita al optimismo. 

    De hecho, Andrea Stella, director de McLaren, mencionó que podría ser momento de replantear el tradicional top 4 y considerar un top 5 o 6, dando espacio a Williams en ese grupo. Poco convincente si nos atenemos a las simulaciones de carrera, que les colocan en su lucha más probable a medio-largo plazo: los puntos. 

    Carlos Sainz se sube por primera vez al Williams, marcando el mejor
    tiempo de la pretemporada. Williams.

    Muchas dudas más allá de Williams, pues Aston Martin demostró muchos altibajos (más bajos que altos). Sin tiempos destacados y sin intención de completar tandas largas o simulaciones de carrera por, justifican, “condiciones irreales” en Bahrein. 

    Pese a todo, la baja competitividad de los tiempos y los problemas menores evidencian que el equipo está más centrado en 2026 que en mejorar su rendimiento inmediato. Las 306 vueltas, cercanas a las de Red Bull, reflejan una pretemporada en la que Aston Martin sigue lejos de los equipos punteros, confirmando que la prioridad no es este 2025, sino el futuro y el cambio de normativa.

    Alpine parece otro equipo llamado a encabezar la zona media. Tiempos notables y tandas sólidas dentro de su realidad, sobre todo, por parte de Pierre Gasly.

    El fondo, a priori, de la parrilla lo completan: Haas, con sus clásica incógnita desde hace varias pretemporadas, Racing Bulls, con inestabilidad aparente, y Sauber, casi desaparecidos en la tabla de tiempos.

    Comparativa, en números:

    A la izquierda, la simulación de carrera de Lando Norris. A la derecha, la de Charles Leclerc. Joan Arjones.