Categoría: Premier League

  • El Leicester City: del milagro al colapso

    El Leicester City: del milagro al colapso

    En el fútbol moderno hay historias que se convierten en mito. Y luego están las que, con el paso del tiempo, se transforman en advertencias. El caso del Leicester City pertenece a ambas categorías. Lo que en 2016 fue el mayor milagro de la historia reciente del deporte, ganar la Premier League contra todo pronóstico se ha convertido, apenas una década después, en un ejemplo de caída estructural.

    El club inglés ha descendido a la tercera división, completando un viaje tan vertiginoso como simbólico: del cielo al abismo.

    El último descenso no es un accidente aislado, sino el resultado de un proceso que llevaba años gestándose. En solo dos temporadas, el Leicester pasó de competir en la élite a perder su lugar incluso en el Championship.

    La dinámica deportiva fue preocupante desde el inicio: irregularidad constante, falta de solidez defensiva y una incapacidad evidente para sostener resultados. A esto se sumó una sanción de puntos por incumplir las normas financieras, que terminó siendo decisiva en una categoría donde la igualdad es máxima. El equipo llegó al tramo final sin margen de error y, como durante toda la temporada, no estuvo a la altura.

    Salarios elevados

    Sin embargo, explicar el colapso únicamente desde el rendimiento en el campo sería simplificar demasiado el problema. El verdadero deterioro comenzó en los despachos. Durante años, el Leicester mantuvo una estructura económica diseñada para competir en la parte alta de la Premier, incluso cuando su rendimiento ya no lo justificaba.

    Los salarios elevados, los fichajes con bajo retorno y las pérdidas acumuladas fueron debilitando progresivamente al club. Cuando llegó el primer descenso, lejos de reajustar el modelo, la entidad quedó atrapada en una estructura insostenible. El resultado fue un equipo caro, poco competitivo y sin capacidad de adaptación a una nueva realidad.

    A nivel deportivo, la falta de dirección agravó todavía más la situación. El Leicester dejó de ser reconocible. Los cambios constantes en el banquillo impidieron consolidar un proyecto, mientras que la planificación deportiva careció de coherencia. Jugadores importantes salieron sin que llegaran reemplazos de garantías, y el equipo fue perdiendo identidad con cada temporada. Muy lejos quedaba ya el modelo que llevó al título bajo Claudio Ranieri, basado en la eficiencia, el orden táctico y una gestión inteligente de recursos.

    El impacto económico del doble descenso es otro de los factores clave para entender la gravedad del momento. La diferencia de ingresos entre la Premier League y la League One es abismal, y en apenas dos años el club ha visto cómo su capacidad financiera se reducía drásticamente. Este desplome obliga ahora a una reconstrucción profunda, no solo de la plantilla, sino de toda la estructura del club. Ya no se trata únicamente de volver a competir, sino de redefinir un modelo que ha demostrado ser insostenible.

    Machada del 2016

    Lo más llamativo del caso del Leicester es que su caída no responde a una única causa, sino a la acumulación de errores. La pérdida de identidad, la mala gestión económica y la inestabilidad deportiva formaron un cóctel que terminó explotando. El milagro de 2016 no era irrepetible, pero sí exigía coherencia para sostenerse en el tiempo. Cuando el club dejó de respetar las claves que le llevaron al éxito, comenzó un declive que ha terminado en este desenlace.

    Hoy, el Leicester City ya no es solo el equipo que rompió todos los pronósticos. Es también un recordatorio de la fragilidad del éxito en el fútbol moderno. Porque alcanzar la cima puede ser cuestión de una temporada extraordinaria, pero mantenerse en ella exige algo mucho más complejo: estabilidad, visión y disciplina. Y en ausencia de todo eso, incluso los milagros acaban desmoronándose.

  • El descenso del Tottenham, directivo e institucional

    El descenso del Tottenham, directivo e institucional

    El conjunto inglés pasa por uno de sus peores momentos en toda la historia y puede caer a segunda división

    Se veía venir, pero la caída meteórica del Tottenham es uno de los sucesos que más llama la atención en el panorama del fútbol internacional. El club inglés está ahora mismo en puestos de descenso a segunda división y no parece que su situación vaya a cambiar en el corto plazo.

    Con una estela de entrenadores a su espalda y en los que la dirección deportiva no ha confiado durante todo el curso, la racha actual es compleja de remontar. Ahora mismo el encargado de hacer frente a la cruda realidad del conjunto londinense es De Zerbi, pero el calendario que tiene por delante y el hecho de llevar más de 14 partidos sin ganar no ayudan.

    El Tottenham, además, durante esta campaña ha tenido que participar en una Champions muy exigente, lo que ha catapultado aún más su descenso a las posiciones marcadas en rojo por primera vez en 49 años. La salida de figuras históricas como Son o Harry Kane no han hecho más que acentuar el problema y quizás era los que estaban manteniendo a flote este proyecto durante esta época reciente.

    La inestabilidad en el banquillo ha hecho que los londinenses tengan tres entrenadores esta temporada. El curso empezó con Thomas Frank dirigiendo al equipo. El técnico acabó siendo destituido en febrero tras una consecución desastrosa de resultados. Le sustituyó Igor Tudor, quien solo duró 44 días en el cargo. La esperanza está depositada ahora en De Zerbi.

    En ese sentido, este último es la apuesta a la desesperada de Daniel Levy con tal de evitar un descenso que sería fatal. El italiano ha firmado cinco años y la idea es forjar a su al rededor una historia a largo plazo.

    Seis jornadas la restan a la Premier League. En este tramo final, el Tottenham debe enfrentarse a Brighton, Wolves, Aston Villa, Leeds, Chelsea y Everton. Aguantar en la máxima competición inglesa pasa por el Tottenham Hotspur Stadium y, sobre todo, tendrán que ganar como local al cuadro ledesiano, el único que puede actuar como rival directo en la parte más determinante del campeonato regular.

  • El Arsenal de Arteta: Puerta grande o enfermería

    El Arsenal de Arteta: Puerta grande o enfermería

    El conjunto «gunner» tiene por delante dos meses decisivos que podrían cambiar la historia reciente del club

    El Arsenal durante el S.XXI ha tenido de todo. Desde ser el mejor equipo, con diferencia sobre el segundo, a no ser competitivo y no luchar por títulos de gran relevancia durante años. Desde la llegada de Arteta al equipo londinense se respiró un aire de cambio. Con los años, el proyecto ‘gunner’ no ha parado de crecer y en la temporada 24/25 pudimos presenciar su mejor nivel de prácticamente la última década. No obstante, esa liga, pese a pelearla hasta el final, la acabaron perdiendo.

    En el presente curso, se repite el guion. Los londinenses son los actuales líderes de la Premier League y se colocan, a tan solo siete jornadas del final, a nueve puntos de distancia con su máximo perseguidor, el Manchester City, aunque eso sí, con un partido más. Asimismo, están vivos en Champions, donde se medirán al Sporting de Lisboa en los cuartos de final; y también en la FA Cup, en la que lo harán frente al Southampton, en la misma ronda eliminatoria.

    Por todo ello, el Arsenal tiene por delante dos meses determinantes. El proyecto que maneja el técnico español lleva forjándose más de seis años en los que solo ha ganado dos títulos. Son muchos años en blanco de los ‘gunners’ y teniendo en cuenta el desembolso económico está siendo brutal no pueden permitirse no lograr más trofeos.

    Los partidos más importantes

    En primer lugar, para poder sentenciar la liga ante un Manchester City que se ha quitado de obligaciones tras caer en Champions, ambos clubes se verán las caras el próximo 19 de abril con los de Guardiola como locales. De perder ese partido y si su rival consigue hacerse con los tres puntos en la jornada pendiente, la diferencia se reduciría a tan solo tres unidades, metiéndole tensión hasta el final al campeonato regular inglés.

    En cuanto a la máxima competición internacional de clubes, la ida contra el conjunto portugués será el siete de abril, mientras que la vuelta es el 15 del mismo mes. Sobre el papel, el Arsenal debería poder pasar la eliminatoria y en semifinales se enfrentaría al Barça o al Atlético de Madrid.

    Por último, en la FA Cup, el partido de cuartos de final es a enfrentamiento único, por lo que el duelo frente al Southampton será un cara a cara por ver quién consigue clasificarse.

    Arteta necesita que el tiempo le dé la razón y para ello debe lograr salir victorioso de todos estos encuentros. El cronómetro no para de avanzar y el rédito se le empiezan a acabar al entrenador vasco, que sí que ha hecho un gran trabajo años atrás. El desafío es grande, pero el Arsenal tiene en su mano el poder ganar una liga 22 años después y un triplete completamente histórico; o, en cambio, volver a tener un curso más las vitrinas en blanco y que las consecuencias puedan ser devastadoras.

  • Liverpool dice adiós a su último faraón

    Liverpool dice adiós a su último faraón

    Mohamed Salah anuncia que dejará Anfield después de nueve temporadas

    Corría el verano de 2016. El Liverpool cerraba su quinta temporada consecutiva sin títulos. Jürgen Klopp afrontaba su segundo año en el lado rojo del río Mersey. Es entonces que Mohamed Salah llegó al club directo desde Roma. Casi diez años después, el egipcio se marcha del equipo que le convirtió en leyenda con una Champions, dos Premier Leagues y tres copas nacionales.

    En aquel año, Salah no aterrizó en Inglaterra con las mayores expectativas. El egipcio ya tenía experiencia en la Premier. En 2014 fichó por el Chelsea y, tras una temporada discreta, comenzó una cadena de cesiones como ya hicieran tantos otros fichados por los londinenses. Tras hacerse un nombre en la Roma, el Liverpool apostó por él, pero no como la estrella principal.

    Monchi, por entonces director deportivo de la Roma, admitió que nunca quiso vender al jugador, pero la situación financiera del club le obligó a hacerlo. Quién pensaría que un descarte de un big six, utilizado como moneda de cambio para arreglar economías, se convertiría en, por qué no decirlo, el mejor jugador de la historia del Liverpool.

    Sin saberlo, la ciudad de los Beatles veía nacer a un tridente que bien podía hacer sombra a la popularidad de esos músicos: Mohamed Salah, Roberto Firmino y Sadio Mané. El egipcio no pudo caer más de pie en su regreso a la liga inglesa. En su primera temporada con Klopp, marcó 32 goles y repartió 11 asistencias, lo que fue suficiente para ganar el premio de la PFA a mejor jugador de la liga.

    La etapa del extremo como red no fue toda de color de rosa, también se caracterizó por el sufrimiento. También en su primer año, el equipo dirigido por Klopp llegó a la final de la Champions. Era la primera oportunidad real para que la asociación entre el alemán y el club diera sus frutos. Delante tenían al rival a batir por excelencia, el Real Madrid. 30 minutos después de iniciar el partido, el hombro de Salah decía basta al mismo tiempo que los corazones red se rompían. El egipcio se vio obligado a retirarse y el Liverpool perdía la final. Otro año más en blanco.

    Rápida recuperación

    Pese al duro golpe, el equipo no tardó en recomponerse, y de qué manera lo hizo. Al año siguiente, Salah y los suyos ganaron la Champions League con noches épicas como la remontada en Anfield contra el Barça. La temporada posterior añadió aún más épica a la leyenda del egipcio. Pese al sabor agridulce de hacerlo sin espectadores, el Liverpool levantaba su primera Premier League, en parte, gracias a las 29 contribuciones de gol del extremo. Con esto, la generación de Klopp se consagraba como una histórica, no solo en el club ni el país, sino en el fútbol mundial.

    Cuatro años después, en los que Salah no bajó el ritmo de las 25 participaciones de gol en liga, el egipcio separaba su camino con Jürgen Klopp, el entrenador que le alzó a la categoría de leyenda. Ese verano de 2024 supuso una época convulsa para el Liverpool. La generación dorada llegaba a su fin. El técnico marchaba, como ya hicieron los grandes nombres de su equipo. Mané, Firmino, Fabinho o Henderson ya vestían otros colores. Mientras tanto, Salah se mantuvo. El ciclo terminaba, pero su historia no.

    En 2025, el egipcio mostró su mejor versión. Un extremo que parecía imparable desde la derecha, con infinidad de recursos y una facilidad para ver puerta que le metía miedo a cualquier equipo de la liga. Esa temporada, ya bajo las órdenes de Arne Slot, Salah marcó 29 goles y repartió 18 asistencias para alzar su segunda Premier League, esta vez frente a su gente, frente a The Kop. Para muchos, su año fue merecedor de un balón de oro, pero el bajo rendimiento del equipo en Europa, hizo que este acabara cuarto.

    Después de la mejor temporada de uno, solo se puede ir a peor. La que será la última campaña de Salah en Anfield comenzó de manera discreta. En verano falleció su gran amigo Diogo Jota. La inesperada muerte afectó al club en todos sus estamentos, pero especialmente al jugador. Pese a jugar prácticamente todos los minutos en las primeras doce jornadas, Salah era la sombra de lo que en su día fue y su entrenador lo notó. En noviembre, después de conseguir una victoria en siete partidos, Slot decidió que el egipcio tuviera un rol secundario en la plantilla.

    Esto no le sentó bien al jugador, el cual decidió hacer pública su nula relación con el neerlandés. Pese a que eso ocurriera a finales de 2025, el jugador ha preferido esperar hasta ahora para anunciar su futuro. Salah cierra su etapa en Anfield tras más de 400 partidos en los que se ha aupado hasta ser el tercer máximo goleador de la historia del club, detrás de Ian Rush y Roger Hunt. Con la unión de ambos llegando a su fin, Salah ya puede considerarse como el mejor jugador de la historia del Liverpool en la Premier League, incluso uno de los mejores deportistas que la liga ha visto.