Categoría: Polideportivo

  • Van Aert, Pogacar y la historia en el Infierno del Norte

    Van Aert, Pogacar y la historia en el Infierno del Norte

    El belga superó al esloveno en la París-Roubaix y el sueño del pequeño príncipe de conseguir los cinco Monumentos deberá esperar, como mínimo, un año más

    Todo apuntaba a que la épica iba a aparecer en el Infierno del Norte. La previa invitaba a ello y así fue. Los nombres, sobre el papel, eran inmejorables, pero quizás pocos podían esperar al “ciclista del pueblo”, Wout Van Aert.

    La guerra se antojaba entre Pogacar y Van der Poel, pero en medio de estos dos monstruos resurgió tal que el Ave Fénix el belga, sediento de sangre tras serle esquiva la fortuna en numerosas ocasiones. Los infortunios previos hicieron dudar a todos mes a él, porque sí, Van Aert nunca se fue. El velódromo de Roubaix fue testigo de cómo la potencia de un sprinter en uno de los días más importantes de su carrera superó la obsesión de un extraterrestre en busca de alcanzar la gloria eterna.

    En la foto final aparecen dos bestias batallando codo con codo hasta el último metro. La gloria estaba reservada para uno de los dos mientras que la tercera espada, o lo que es lo mismo, el rey que anhelaba reeditar viejos triunfos, tuvo que conformarse con la resignación y la espina de no poder cumplir los pronósticos.

    Van der Poel, el clasicómano por excelencia y el principal favorito para vencer en tierras galas, quedó excluido de la pelea mucho antes de lo esperado. 

    El temible bosque de Arenberg, la pesadilla del corredor de Alpecin. Un cúmulo de infortunios, que desencadenó en un dramático final, apartó al belga de la cabeza de carrera. Un doble pinchazo le hizo bajarse de la bicicleta y, pese a que su compañero Philipsen no dudó en cederle su bicicleta, el gran favorito apenas pudo dar unas pocas pedaladas antes de volver a bajarse.

    Todo apuntaba a que la diferencia de tamaño entre ambos ciclistas fue el causante de la escena, pero según el propio Van der Poel, las responsables de que no pudiese pedalear con la bicicleta de su compañero fueron las calas de sus pedales

    «Prefiero ganar mi primera Roubaix a mi quinto Tour»

    Sin el belga, la carrera se encaminaba hacia una pelea de dos, Pogacar y Van Aert. Malabarismos, control de las emociones, nervios y malas pasadas. Todo eso entra en juego año tras año en el Infierno del Norte. Sin nada que perder, el belga echó el resto y lanzó su órdago. Le salió cara y tras ello lloró. Lloró desconsoladamente tras tocar el cielo porque el éxito reside en la resiliencia y de eso él sabe un rato. 

    “Prefiero ganar mi primera Roubaix a mi quinto Tour”, reconoció Pogacar en invierno. La espera seguirá, como mínimo, un año más. A la segunda tampoco lo logró porque un titán, camaleónico como el que más, supo descifrar los adoquines mejor que él en una edición que pasará a la historia. 

  • La historia, a los pies de Pogacar

    La historia, a los pies de Pogacar

    El esloveno sigue coleccionando récords a sus 27 años y afronta la París-Roubaix como su próximo gran reto

    Absolutamente ningún escollo puede con él y a sus 27 años da la sensación de haberse pasado el juego. El bueno de Pogacar ha convertido lo anormal en corriente y está dejando que lo extraordinario suceda semana tras semana. Da igual el contexto y la tesitura, si el esloveno figura en la lista de salida, el resto de corredores aspiran al segundo cajón del podio.

    El pequeño príncipe tiene la historia a sus píes y bate récords prácticamente sin quererlo. Dentro del debate de quién es el mejor ciclista de la historia, al esloveno todavía le queda mucho por decir, porque aunque parezca imposible, hay retos que todavía se le resisten. 

    Uno de ellos era la Milán-San Remo. El pasado domingo rompió su maldición de la manera más épica posible, porque sino parece no ser suficiente. Ni la caída a 32 kilómetros de meta ni el sprint de Tom Pidcock pudieron con el esloveno en la enésima hazaña de su reinado. La proeza no queda ahí y el mérito es todavía más grande cuando al cruzar la meta, Pogacar y su equipo fueron conscientes de que había terminado con la bicicleta rota.

    “La horquilla trasera estaba dañada, pero afortunadamente aguantó. Si Tadej hubiera sabido el verdadero estado de la bicicleta, jamás habría descendido con tanta agresividad, atacando incluso durante el descenso e intentando llevar a Tom Pidcock al límite”, comentaba Bostjan Kavcnik, mecánico de UAE. 

    Tal es su grandeza que incluso Eddy Merckx quedó rendido a su victoria en la Milán-San Remo. “Me dejó sin palabras, sinceramente no esperaba que pudiese ganar después de todo lo que pasó. Creo que podría considerarse uno de sus mayores logros”, relataba el “Caníbal” a la Gazzetta dello Sport.

    A lo largo de su carrera, el considerado por muchos como el mejor ciclista de la historia, conquistó un total de 279 victorias, con 11 Grandes Vueltas, 19 Monumentos y 3 mundiales. Pogacar, a sus 27 años, acumula 110 triunfos, 5 Grandes Vueltas, 11 Monumentos y 2 mundiales, datos que reflejan el camino del pequeño príncipe hasta la cúspide de la bicicleta. 

    ¿Qué le falta a Pogacar por ganar? No queda mucho tiempo para la siguiente cita con la historia, de hecho, será el próximo 13 de abril cuando la París-Roubaix celebre su 122ª edición. Ahí el esloveno tratará de estrenarse con el objetivo de convertirse en el cuarto ciclista en la historia capaz de ganar todos los Monumentos del ciclismo, esa lista de clásicas que cuenta con la Milán-San Remo, el Tour de Flandes, la Lieja-Bastoña-Lieja, el Giro de Lombardía y, como no, la París-Roubaix. De esta forma igualaría las hazañas de Eddy Merckx, Roger de Vlaeminck y Rik Van Looy. 

    No es lo único que le falta al bueno de Pogacar. También le queda por ganar la medalla de oro olímpica o el campeonato del mundo de contrarreloj. Por otro lado, la Vuelta a España sigue sin contar con su nombre tras una única participación en 2019 en la que fue tercero. La historia está a sus pies y la pregunta no es si lo conseguirá, sino, más bien, cuándo lo hará. 

  • Estas son las relaciones padre-hijo más influyentes del deporte

    Estas son las relaciones padre-hijo más influyentes del deporte

    En POINT, repasamos las trayectorias más importantes que siguen forjándose en la actualidad para felicitar el Día del Padre

    Las historias que rodean el deporte son interminables y en muchas ocasiones van más allá de los logros o de los títulos individuales. Como todos los años, el 19 de marzo está marcado en el calendario. El Día del Padre trae consigo varias narrativas que han dado la vuelta al mundo y otras que quizá eran algo más desconocidas. Estas son las relaciones padre-hijo que destacan en el panorama profesional.

    Un ejemplo icónico dentro del mundo del motor es el de Michael Schumacher y Mick Schumacher. El primero, leyenda absoluta de la Fórmula 1 y siete veces campeón del mundo, marcó una era irrepetible en el automovilismo. Años después, su hijo Mick recogió ese legado para abrirse camino en la misma élite, cargando no solo con el apellido, sino también con la responsabilidad de escribir su propia historia en la parrilla.

    Otro caso muy representativo en el baloncesto es el de Dell Curry y Stephen Curry. El padre fue un tirador fiable y respetado en la NBA, mientras que su hijo ha llevado sus registros a otro nivel con su capacidad de anotar triples y convirtiéndose en uno de los jugadores más influyentes de su generación.

    En el automovilismo español, el apellido que resuena es el de Sainz. El padre es doble campeón del mundo y su hijo ha sabido construir su propio camino en la Fórmula 1, consolidándose como un piloto competitivo en la élite.

    En el fútbol también destaca el vínculo entre Diego Simeone y Giuliano Simeone. El padre, convertido en uno de los entrenadores más influyentes del panorama europeo, ha marcado una época en los banquillos. Capricho del destino o no, el extremo ahora es entrenado por el técnico argentino en el equipo de sus vidas, el Atlético de Madrid.

    Volviendo a los deportes de motor se encuentran los Verstappen. Jos compitió durante la década de los 90s y Max actualmente es el mejor piloto de la competición, pese a su mal inicio de temporada.

    En los banquillos también se da un relevo generacional. Carlo Ancelotti y Davide Ancelotti han compartido muchísimas experiencias juntos, pero sus caminos se separaron momentáneamente. El padre ahora es el seleccionador absoluto de Brasil y el hijo desde hace pocos días vuelve a ser su asistente.

    Por último, en el baloncesto, el legado familiar une a LeBron James y Bronny James. El primero de ellos es considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos en la NBA y su hijo, que solamente tiene 21 años, ya sigue sus pasos, aprendiendo de su experiencia y forjando su propia identidad en la élite.

  • Marzo desata la tormenta de las clásicas

    Marzo desata la tormenta de las clásicas

    Como viene siendo habitual a lo largo de los años, en cuanto marzo abre el telón, la espera llega a su fin. Los meses de descanso ya han quedado en el pasado y el mundo de la bicicleta se prepara para una primavera de infarto. El pelotón, tras haber recuperado fuerzas durante el invierno, afronta un mes decisivo plagado de clásicas y monumentos. Desde la locura de Strade Bianche o París-Niza hasta los adoquines camino de Flandes y Roubaix. A todo esto deberán enfrentarse los mejores ciclistas del mundo en el preludio de un año loco.

    El pistoletazo de salida a las grandes citas lo dará la Strade Bianche este sábado. Los 13 tramos de “sterrato” antes de la icónica meta en Siena dictarán sentencia en una prueba donde todos los focos apuntan a Tadej Pogacar. Quizás esto suele pasar inadvertido, ya que, pese a haberse ganado un hueco en el corazón de todos los amantes del ciclismo y ser considerada como una de las grandes citas del curso, es la clásica menos clásica y en 2026 celebrará únicamente su 20ª edición.

    La afición jalea a Pogacar durante la edición del 2025 / Strade Bianche

    Junto a Fabian Cancellara, el esloveno es el ciclista con más triunfos en las carreteras de “sterrato” de la Toscana. Ha convertido las victorias en rutina y no deja de ser una rareza histórica. Eso sí, no correrá solo y enfrente tendrá una gran lista de rivales con los colmillos afilados. Paul Seixas, vigente vencedor de Algarve frente a Juan Ayuso y en la Faun-Ardèche Classic, que viene de romper un récord del propio Pogacar, afronta, a sus 19 años, el reto de vencer al esloveno. Otros nombres a destacar para la prueba italiana son Isaac del Toro, Tom Pidcock, Wout Van Aert o Ben Healy. 

    Un día más tarde, el domingo, arrancará la aclamada París-Niza. Para ver sus inicios hay que remontarse hasta 1933 cuando Albert Lejeune, director de “Le Petit Journal” y “Le Petit Niçois”, decidió crear una prueba para establecer un vínculo entre ambos periódicos. Desde entonces, “la carrera hacia el sol”, se ha convertido en una de las pruebas más famosas de la temporada con la huella de ciclistas como Eddy Merckx, Sean Kelly, Alberto Contador, Tadej Pogacar o Primoz Roglic. 

    Sin Matteo Jorgenson, vencedor de las dos últimas ediciones, la prueba busca un nuevo portador del maillot amarillo. Ocho etapas decidirán qué ciclista reinará en la Costa Azul y son muchos los nombres que optan a ese privilegio. Si hay una figura que sobresale por encima del resto es la de Jonas Vingegaard. Tras él, estarán un renovado Juan Ayuso y un siempre intenso Joao Almeida. 

    Sin llegadas en alto

    “Sin llegadas en alto”, recoge el cartel de la Tirreno-Adriático 2026. Un punto que puede generar optimismo para los velocistas del pelotón, pero nada más lejos de la realidad, la prueba italiana afronta una de las ediciones más emboscadas y exigentes que se recuerdan. El tridente lo portará el ciclista que mejor sepa reinar en el caos, en un recorrido donde se ensalza la táctica sobre la potencia bruta en las rampas infernales. 

    ¿Los principales favoritos? La lista es extensa y hay muchas variantes, pero siempre que participe Primoz Roglic debe tener ese hueco de privilegio. Junto a él, apuntan a lo más alto ciclistas de la talla de Isaac del Toro, Van der Poel, van Aert, Jorgenson, Felix Gall o Filippo Ganna. 

    Las cartas están sobre la mesa, el futuro apunta a ser apasionante y la historia aguarda a ser reescrita por algunos elegidos. El trono está claro quien lo ocupa, pero son muchos los aspirantes a derrocarlo en una primavera tan bonita como esperada. 

  • El rey está de vuelta

    El rey está de vuelta

    El fin de semana pasado se pondría en juego el cinturón CMB del peso welter,  donde Ryan García (20-2) pudo demostrar de nuevo de lo que es capaz frente a Mario Barrios (29-3-2). El púgil llevaba sin subir al ring desde su última derrota en 2025, a la que hay que sumarle su anterior pelea declarada como nula contra Devin Haney sumado múltiples polémicas sociales y la sanción por dar positivo en esteroides. Pero esta situación no iba a frenar a “KingRY” de volver al ring a por todo.

    La pelea fue el evento estelar de la noche en la ciudad de las Vegas, Nevada. García tenía claro el plan de combate, salir decidido para poder plantar su postura y hacer ver a Barrios anulado sin que pudiera saber como responder. Pudiendo así establecer su juego mental e ir ganando la pelea round a round.

    Y así se cumplió, Ryan salía con todo desde el primer asalto y de esta manera tumba a Barrios con una combinación que le engaña y lo manda a lona gracias a una volea de izquierda que no noquea, pero hace que “El azteca” note la fuerza y se de cuenta de que puede acabar dormido en cualquier momento. Desde entonces Barrios reorganiza sus ideas y coge una actitud más reservada. 

    Ryan García golpeando con el volado de izquierda a Mario Barrios en el campeonato CMB peso welter

    Los primeros rounds siguen pasando y vemos como se cumple el cometido de Ryan, dominando su espacio, utilizando en gran cantidad el atrasado de derecha en vez de su famoso gancho de izquierda, marcando la distancia con el jab y moviéndose de manera efectiva. Contra un Barrios que se sigue mostrando mas defensivo e inhibido por la velocidad de García, haciéndolo ver intimidado de manera que no podía soltar todos los golpes necesarios para ir equilibrando las tarjetas de puntuación.

    Es entonces cuando llegamos a otro punto de inflexión de la pelea, la segunda caída a la lona del “Azteca” aunque esta vez a causa de un empujón del “KingRY” que fue inmediatamente penalizado por el árbitro. A partir de este momento podemos observar un cambio en la estrategia del Barrios, se pone en pie confiado y empieza a atacar otras zonas del cuerpo de García haciendo que le dé resultados y consiguiendo que el rey, con el cansancio de los primeros rounds y teniendo que dosificar el resto del combate se vea en una situación de alerta y retrocede un poco en su táctica, mostrándose ahora más cerrado y contrarrestando con combinaciones para seguir en el combate.

    Últimos asaltos

    Barrios lo deja todo subiendo la intensidad e intentado forzar a García al máximo, sabiendo que no le quedan muchas opciones ya que las tarjetas de puntuación favorecen a Ryan. El cual ante la intensidad final se muestra cautivo, aguantando la fatiga y con el mismo juego, soltar combinaciones y hacer bonito el final de la pelea. 

    Es entonces cuando “El Azteca” vuelve a pisar la lona por otro empujón, pero no hace que salga del centro del ring y lo sigue dando todo hasta el final. Dejando así una gran actuación por parte de los dos retadores al título y donde los jueces declaran una superioridad por parte de Ryan García (119-108, 120-107, 118-109), el cual consigue la victoria y se proclama campeón del peso Welter CMB.

  • El «Águila de Toledo»: Un ciclista que odiaba bajar

    El «Águila de Toledo»: Un ciclista que odiaba bajar

    De Madrid a Asturias en bici porque no había dinero para el tren, carajillos a 40 km de meta, helados en pleno puerto y un par de conejos, pollos y chorizos. 

    El precursor del ciclismo español

    Antes de Miguel Induráin, Alberto Contador o Perico Delgado existió nada más y nada menos que el “Águila de Toledo”, primer español en ganar el Tour.  Federico Bahamontes fue, además de un personaje sin igual, el mejor escalador de la historia.  Nació en Santo Domingo-Caudilla el 9 de julio de 1928 y falleció en Valladolid el 8 de agosto de 2023.  Una vida ligada al ciclismo con un hueco en la cúspide de este deporte.

    Fue un ciclista superdotado para la época, siempre a la ofensiva.  Atacaba en rampas mortales.  Dónde otros sufrían, él aumentaba el ritmo.  Así lo demuestran sus cincuenta y dos pasos en primer lugar por cimas de montaña, el mejor registro total para un ciclista en la historia del Tour de Francia. 

    El infierno de los descensos

    Todo superhéroe tiene su criptonita.  La de Bahamontes eran los descensos.  Su capacidad para subir los peores puertos se contrastaba con su reticencia a las bajadas.  Muchas etapas decisivas perdía minutos y minutos por su aversión.  Sus rivales se lanzaban a toda velocidad, mientras que él era mucho más cauto.  A pesar de ello, su capacidad escaladora le hacía siempre ser uno de los favoritos. 

    Bahamontes durante el Tour de 1959 // Roger Viollet (Cordon Press)

    Su miedo ya no era sólo debido a una cuestión técnica, sino también psicológica.  Una inseguridad causada por un susto en su juventud le arrastró durante toda su carrera.  Además, su ligereza y su estilo de escalada le convertían en un ciclista menos aerodinámico en los descensos.  Tan grande era su debilidad que dejó una de las imágenes más históricas del Tour de Francia. 

    El helado en el Col de la Romeyère

    Posiblemente estemos hablando de la anécdota más recordada de la carrera del “Águila de Toledo”.  En medio de la disputa del Tour de Francia de 1954, Bahamontes era cabeza de carrera junto a tres rivales.  Subiendo el Col de la Romeyère, el coche auxiliar de uno de sus rivales levantó piedras, con tan mala suerte que impactaron en su rueda, rompiendo dos radios.  La rueda cabeceaba y pese a ello, coronó en solitario.  Una vez arriba tenía que esperar a su coche y como hacía calor, al ver un carrito de helados de un vendedor ambulante, cogió un helado y con los guantes puestos lo metió en el botellín.  Y allí se tomó su refrescante tentempié, dejando fría a toda la afición allí presente.  Eso sí, luego volvió a coronar primero el siguiente puerto.  Así era Fede.

    Estamos hablando de un personaje tan mediático que incluso apareció en la película Amélie.  Bahamontes fue una de las pocas personas reales mencionadas en el film, ya que era el ídolo de uno de los protagonistas.  Este había escondido en una caja objetos importantes de su niñez y algunos estaban relacionados con el ciclista toledano. 

    El «Águila» subiendo un puerto en 1963 // Sport

    De vendedor de frutas a rey de la montaña

    Antes de ciclista, fue frutero.  Trabajaba en los mercados de Toledo vendiendo frutas y verduras.  Usaba la bicicleta como medio de transporte y, sin imaginarlo, eso hizo que empezara a desarrollar las piernas de acero que más tarde le llevarían a la gloria.  

    En una época difícil, como era la posguerra española, Bahamontes encontró en la bicicleta una pasión.  El presupuesto era limitado.  Previo a una Vuelta a Asturias, el equipo no tenía dinero para el transporte, así que los ciclistas tuvieron que viajar en bici desde Madrid.  Los trofeos también eran un tanto excéntricos.  Señaló que tras ganar carreras, llegaron a darle chorizos, pollos y conejos. 

    Un carácter fuerte y peculiar

    Bahamontes tenía una personalidad fuerte y muchas veces impredecible.  En más de una ocasión abandonó carreras por discusiones con el equipo.  Si algo no le gustaba, prefería bajarse de la bicicleta antes que seguir bajo condiciones que no le parecían justas. 

    Uno de sus piques más famosos lo tuvo con su propio seleccionador en la Vuelta a España, cuando a mitad de la competición se retiró por desacuerdos tácticos.  No tenía miedo en tomar decisiones drásticas, lo que le convirtió en una figura tan temida como admirada en el pelotón. 

    Estatua de Federico Bahamontes en Toledo // Sport

    En 2013 se erigió una estatua en su honor en Toledo y hasta sus últimos años seguía participando en eventos y homenajes, siendo una figura admirada por generaciones posteriores de ciclistas.

    Era uno de esos personajes que utilizaba la tercera persona para hablar de sus andanzas.  “Pues El Fede…”.  Una persona que se recordará en la historia y que guardaba un carajillo para los últimos 40 kilómetros de la etapa.  Así era Federico Bahamontes.  Así era el “Águila de Toledo”. 

    IMAGEN PRINCIPAL DE BAHAMONTES LEVANTANDO UN TROFEO // ABRAHAN CARO MARÍN (AP)