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  • El desafío al tiempo de LeBron James

    El desafío al tiempo de LeBron James

    El rendimiento en el deporte de más alto nivel suele ser un reflejo de cómo puede llegar a lastrar el paso de los años en las grandes figuras. Muchas carreras han perdido parte de su esencia en su ocaso por no saber decir basta, pero como todo en la vida, siempre hay excepciones.

    De hecho, algunas de estas desafían incluso a la propia naturaleza. A día de hoy, se ha convertido en algo casi poético ver a LeBron James correr la pista a los 41 años de edad, porque si, está dando la sensación de que el calendario es un concepto ajeno a su existencia. 

    La verdadera grandeza de su historia no reside en que siga jugando a su edad, que tiene un mérito tremendo, sino que sigue siendo igual de decisivo que el primer día. La NBA es una liga que devora carreras y permanecer en la élite por un largo periodo de tiempo solo es cosa de los elegidos.

    Pues LeBron lleva haciéndolo 23 años dominando en todos y cada uno de ellos. No está para sobrevivir, sino para imponerse. Nada se le atraganta y cuando podía parecer que empezaba a sufrir en el apartado físico, ha dado un paso hacia delante para seguir haciendo historia con sus Lakers en unos “play-offs” memorables

    Un alienígena sin fecha de caducidad

    Sus números ante los Rockets siguen pareciendo los de una estrella en su apogeo, pero reducir su impacto a la cantidad de puntos, asistencias, rebotes o robos sería faltarle el respeto al rey. Su trascendencia va mucho más allá y no solo tiene influencia en su propio juego, sino que también es decisivo en el rendimiento del equipo al completo. Contagia energía, entusiasmo, pasión por el deporte y carácter. La veteranía juega a su favor porque, cómo no, está curtido en mil batallas y nadie entiende ni ha entendido el juego como él. Hablamos de un elegido, de un alienígena sin fecha de caducidad

    La clave de este desafío al tiempo está en la disciplina. La obsesión por el cuidado del cuerpo hace tiempo que empezó a dar sus beneficios, ya que durante años se ha hablado de las inversiones millonarias en su preparación física, de sus rutinas, de su descanso… Pocos son conscientes del trabajo que hay detrás. 

    Poder verlo en pista tras 23 temporadas ha convertido su figura en una a la cuál es obligado admirar, ya no solo el público, sino también los propios rivales y entrenadores. El fin cada vez está más cerca, de ahí la importancia de disfrutarlo porque es una cosa que difícilmente pueda volver a pasar. A su historia aún le quedan muchos capítulos por escribirse y el primero pasa por superar a los Rockets en la primera ronda, algo que se antoja sencillo vista la diferencia de victorias.

    Luego espera Oklahoma City Thunder o lo que es lo mismo, escalar el Everest. Quizás ahí ya tenga la ayuda de Doncic, el llamado a recoger el testigo en la franquicia más grande de la NBA. El futuro nadie lo conoce y en el mundo del baloncesto nada se puede dar por sentado, pero una cosa está clara y es que LeBron James está desafiando a la naturaleza.