Etiqueta: Cicilismo

  • La historia, a los pies de Pogacar

    La historia, a los pies de Pogacar

    El esloveno sigue coleccionando récords a sus 27 años y afronta la París-Roubaix como su próximo gran reto

    Absolutamente ningún escollo puede con él y a sus 27 años da la sensación de haberse pasado el juego. El bueno de Pogacar ha convertido lo anormal en corriente y está dejando que lo extraordinario suceda semana tras semana. Da igual el contexto y la tesitura, si el esloveno figura en la lista de salida, el resto de corredores aspiran al segundo cajón del podio.

    El pequeño príncipe tiene la historia a sus píes y bate récords prácticamente sin quererlo. Dentro del debate de quién es el mejor ciclista de la historia, al esloveno todavía le queda mucho por decir, porque aunque parezca imposible, hay retos que todavía se le resisten. 

    Uno de ellos era la Milán-San Remo. El pasado domingo rompió su maldición de la manera más épica posible, porque sino parece no ser suficiente. Ni la caída a 32 kilómetros de meta ni el sprint de Tom Pidcock pudieron con el esloveno en la enésima hazaña de su reinado. La proeza no queda ahí y el mérito es todavía más grande cuando al cruzar la meta, Pogacar y su equipo fueron conscientes de que había terminado con la bicicleta rota.

    “La horquilla trasera estaba dañada, pero afortunadamente aguantó. Si Tadej hubiera sabido el verdadero estado de la bicicleta, jamás habría descendido con tanta agresividad, atacando incluso durante el descenso e intentando llevar a Tom Pidcock al límite”, comentaba Bostjan Kavcnik, mecánico de UAE. 

    Tal es su grandeza que incluso Eddy Merckx quedó rendido a su victoria en la Milán-San Remo. “Me dejó sin palabras, sinceramente no esperaba que pudiese ganar después de todo lo que pasó. Creo que podría considerarse uno de sus mayores logros”, relataba el “Caníbal” a la Gazzetta dello Sport.

    A lo largo de su carrera, el considerado por muchos como el mejor ciclista de la historia, conquistó un total de 279 victorias, con 11 Grandes Vueltas, 19 Monumentos y 3 mundiales. Pogacar, a sus 27 años, acumula 110 triunfos, 5 Grandes Vueltas, 11 Monumentos y 2 mundiales, datos que reflejan el camino del pequeño príncipe hasta la cúspide de la bicicleta. 

    ¿Qué le falta a Pogacar por ganar? No queda mucho tiempo para la siguiente cita con la historia, de hecho, será el próximo 13 de abril cuando la París-Roubaix celebre su 122ª edición. Ahí el esloveno tratará de estrenarse con el objetivo de convertirse en el cuarto ciclista en la historia capaz de ganar todos los Monumentos del ciclismo, esa lista de clásicas que cuenta con la Milán-San Remo, el Tour de Flandes, la Lieja-Bastoña-Lieja, el Giro de Lombardía y, como no, la París-Roubaix. De esta forma igualaría las hazañas de Eddy Merckx, Roger de Vlaeminck y Rik Van Looy. 

    No es lo único que le falta al bueno de Pogacar. También le queda por ganar la medalla de oro olímpica o el campeonato del mundo de contrarreloj. Por otro lado, la Vuelta a España sigue sin contar con su nombre tras una única participación en 2019 en la que fue tercero. La historia está a sus pies y la pregunta no es si lo conseguirá, sino, más bien, cuándo lo hará. 

  • El «Águila de Toledo»: Un ciclista que odiaba bajar

    El «Águila de Toledo»: Un ciclista que odiaba bajar

    De Madrid a Asturias en bici porque no había dinero para el tren, carajillos a 40 km de meta, helados en pleno puerto y un par de conejos, pollos y chorizos. 

    El precursor del ciclismo español

    Antes de Miguel Induráin, Alberto Contador o Perico Delgado existió nada más y nada menos que el “Águila de Toledo”, primer español en ganar el Tour.  Federico Bahamontes fue, además de un personaje sin igual, el mejor escalador de la historia.  Nació en Santo Domingo-Caudilla el 9 de julio de 1928 y falleció en Valladolid el 8 de agosto de 2023.  Una vida ligada al ciclismo con un hueco en la cúspide de este deporte.

    Fue un ciclista superdotado para la época, siempre a la ofensiva.  Atacaba en rampas mortales.  Dónde otros sufrían, él aumentaba el ritmo.  Así lo demuestran sus cincuenta y dos pasos en primer lugar por cimas de montaña, el mejor registro total para un ciclista en la historia del Tour de Francia. 

    El infierno de los descensos

    Todo superhéroe tiene su criptonita.  La de Bahamontes eran los descensos.  Su capacidad para subir los peores puertos se contrastaba con su reticencia a las bajadas.  Muchas etapas decisivas perdía minutos y minutos por su aversión.  Sus rivales se lanzaban a toda velocidad, mientras que él era mucho más cauto.  A pesar de ello, su capacidad escaladora le hacía siempre ser uno de los favoritos. 

    Bahamontes durante el Tour de 1959 // Roger Viollet (Cordon Press)

    Su miedo ya no era sólo debido a una cuestión técnica, sino también psicológica.  Una inseguridad causada por un susto en su juventud le arrastró durante toda su carrera.  Además, su ligereza y su estilo de escalada le convertían en un ciclista menos aerodinámico en los descensos.  Tan grande era su debilidad que dejó una de las imágenes más históricas del Tour de Francia. 

    El helado en el Col de la Romeyère

    Posiblemente estemos hablando de la anécdota más recordada de la carrera del “Águila de Toledo”.  En medio de la disputa del Tour de Francia de 1954, Bahamontes era cabeza de carrera junto a tres rivales.  Subiendo el Col de la Romeyère, el coche auxiliar de uno de sus rivales levantó piedras, con tan mala suerte que impactaron en su rueda, rompiendo dos radios.  La rueda cabeceaba y pese a ello, coronó en solitario.  Una vez arriba tenía que esperar a su coche y como hacía calor, al ver un carrito de helados de un vendedor ambulante, cogió un helado y con los guantes puestos lo metió en el botellín.  Y allí se tomó su refrescante tentempié, dejando fría a toda la afición allí presente.  Eso sí, luego volvió a coronar primero el siguiente puerto.  Así era Fede.

    Estamos hablando de un personaje tan mediático que incluso apareció en la película Amélie.  Bahamontes fue una de las pocas personas reales mencionadas en el film, ya que era el ídolo de uno de los protagonistas.  Este había escondido en una caja objetos importantes de su niñez y algunos estaban relacionados con el ciclista toledano. 

    El «Águila» subiendo un puerto en 1963 // Sport

    De vendedor de frutas a rey de la montaña

    Antes de ciclista, fue frutero.  Trabajaba en los mercados de Toledo vendiendo frutas y verduras.  Usaba la bicicleta como medio de transporte y, sin imaginarlo, eso hizo que empezara a desarrollar las piernas de acero que más tarde le llevarían a la gloria.  

    En una época difícil, como era la posguerra española, Bahamontes encontró en la bicicleta una pasión.  El presupuesto era limitado.  Previo a una Vuelta a Asturias, el equipo no tenía dinero para el transporte, así que los ciclistas tuvieron que viajar en bici desde Madrid.  Los trofeos también eran un tanto excéntricos.  Señaló que tras ganar carreras, llegaron a darle chorizos, pollos y conejos. 

    Un carácter fuerte y peculiar

    Bahamontes tenía una personalidad fuerte y muchas veces impredecible.  En más de una ocasión abandonó carreras por discusiones con el equipo.  Si algo no le gustaba, prefería bajarse de la bicicleta antes que seguir bajo condiciones que no le parecían justas. 

    Uno de sus piques más famosos lo tuvo con su propio seleccionador en la Vuelta a España, cuando a mitad de la competición se retiró por desacuerdos tácticos.  No tenía miedo en tomar decisiones drásticas, lo que le convirtió en una figura tan temida como admirada en el pelotón. 

    Estatua de Federico Bahamontes en Toledo // Sport

    En 2013 se erigió una estatua en su honor en Toledo y hasta sus últimos años seguía participando en eventos y homenajes, siendo una figura admirada por generaciones posteriores de ciclistas.

    Era uno de esos personajes que utilizaba la tercera persona para hablar de sus andanzas.  “Pues El Fede…”.  Una persona que se recordará en la historia y que guardaba un carajillo para los últimos 40 kilómetros de la etapa.  Así era Federico Bahamontes.  Así era el “Águila de Toledo”. 

    IMAGEN PRINCIPAL DE BAHAMONTES LEVANTANDO UN TROFEO // ABRAHAN CARO MARÍN (AP)