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  • ¿Está la NBA en buenas manos?

    ¿Está la NBA en buenas manos?

    El paso del tiempo es inevitable y en la élite más absoluta del deporte mundial, todavía más. Nadie en la faz de la tierra puede escaquearse de la erosión creada por los años, ni siquiera los LeBron James, Stephen Curry o Kevin Durant de turno. Aunque pueda parecer imposible y algo muy lejano, el paso de la antorcha en la mejor liga de baloncesto del mundo está más cerca que nunca y sobre esto la NBA es experta.

    La liga, durante su extensa historia, se ha visto obligada a enfrentarse a este reto en numerosas ocasiones y a lomos de grandes figuras ha conseguido seguir hacia delante. ¿Lo hará por enésima vez? Sobre el papel, la respuesta parece clara.

    Internacionalización

    Bien es cierto que el paradigma en la NBA actual difiere mucho de lo visto años atrás. Las figuras americanas comandaban la liga con puño de hierro y los europeos quedaban relegados a un segundo plano en lo que a importancia se refiere. Michael Jordan, Larry Bird, Magic Johnson, Kareem Abdul-Jabbar, Tim Duncan, Kobe Bryant, Shaquille O’Neal, LeBron James o Stephen Curry. Para muchos, estos son los mejores jugadores de la historia y todos parten con un aspecto en común, su nacionalidad. 

    En los últimos años, la globalización, tan ansiada por la NBA, ha hecho que el testigo cambie y que las grandes estrellas no sean estadounidenses. Europa, y el resto del mundo en general, entró con fuerza en el panorama baloncestístico, de hecho, solo hay que analizarlo con los datos en la mano . Los últimos siete MVPs son de jugadores no estadounidenses y mirando hacia el futuro, esta tónica apunta a seguir varios años más.

    Jokic, Shai, Doncic, Wembanyama y Antetokounmpo se han instaurado en la cúspide del baloncesto mundial siendo todos europeos a excepción del base de los Oklahoma City Thunder, quien nació en Toronto, Canadá. Se augura difícil pensar que el mejor jugador de la temporada esté fuera de esta lista y quizás, varios de estos, deberían empezar a estar incluidos en conversaciones incómodas. 

    El primero es, como no, Nikola Jokic. El serbio ha normalizado terminar noche tras noche con un triple doble bajo el brazo y ha redefinido la figura del pívot moderno. Su visión de juego, su inteligencia táctica y su capacidad para controlar absolutamente todo lo que pasa en la pista le han llevado a dominar la liga sin un físico atlético. Sus líneas estadísticas no son propias de un cinco, pero para él ya es habitual algo que en la antigüedad era anómalo.

    El MVP Shai también está empezando a ganar enteros en varias conversaciones. Su temporada 2024-2025 fue brutal y está a la altura de muy pocos en la historia. Ganó todo lo que se podía ganar sin despeinarse y aupó a OKC hacia su primer anillo.. Otro que está rompiendo récords con una facilidad pasmosa es Doncic. Su traspaso a los Lakers revolucionó la NBA y dentro del gran mercado de Los Ángeles apunta a reescribir la historia de la franquicia.

    En manos de Wembanyama pasa gran parte del futuro del baloncesto. Pocos jugadores generan tanta expectación como el francés, siendo este una combinación espectacular de altura, coordinación, tiro exterior y defensa que parece sacada de un videojuego. Por otro lado está Antetokounmpo con su futuro en el aire. Tras sus dos MVPs en Milwaukee, su marcha parece más cerca que nunca, por lo que la liga aguarda uno de los movimientos más importantes de los próximos años

    ¿Esto significa que Estados Unidos se está quedando sin figuras? Absolutamente no. Anthony Edwards, Jayson Tatum, Cade Cunningham, Jalen Brunson o Tyrese Halliburton son algunos de los nombres que también están llamados a dominar la liga. La transición generacional no es sencilla, pero la NBA la está preparando de la mejor manera. La mezcla perfecta entre talento joven, diversidad internacional y la creación de narrativas promete más emoción que nunca. 

  • EL ALL-STAR DE LA NBA: UN CIRCO SIN EMOCIÓN

    EL ALL-STAR DE LA NBA: UN CIRCO SIN EMOCIÓN

    Tiempo atrás, febrero era uno de los meses más esperados para los amantes del baloncesto, puesto que llegaba el fin de semana de las estrellas.  Tres días en los que los grandes de este maravilloso deporte se juntaban para ofrecer un espectáculo sin igual, uniendo talento, competitividad y showtime.  El All-Star Weekend era casi más esperado que los propios Playoffs, pero esto ha ido cambiando.  En los últimos años, este evento ha ido perdiendo progresivamente su atractivo.  El partido de las estrellas se ha convertido en una pachanga, los concursos no ofrecen nada novedoso y el público, que antes iba a ver baloncesto top, ahora se conforma con ver los looks de los famosos. 

    El problema no reside en los nuevos formatos que se le están intentando dar al partido, sino en la falta de compromiso de los jugadores, la nula competitividad y la sensación de que este fin de semana ha dejado de ser un evento deportivo, pasando a ser uno de marketing. La NBA necesita cambios urgentes, ya que la posibilidad de que pierda el poco encanto que todavía le queda, está muy cerca.  

    Un partido sin esencia

    Durante toda la historia de la NBA, el All-Star Game ha sido un partido con un alto nivel entre los mejores jugadores de la liga, eso sí, también habían momentos de show y jugadas vistosas que han pasado a la historia.  Pero siempre tenía un mínimo de intensidad, sobre todo al final, donde tocaba apretar las tuercas para intentar ganar el partido. 

    Sin embargo, el mínimo de intensidad ha desaparecido, el partido ha pasado a ser un “a ver quién mete más”.  Los jugadores no defienden.  Se ha convertido en un festival de triples y mates, con marcadores altísimos como el del año pasado (211-186).  Parece más un marcador del NBA 2K, que de la vida real. 

    La NBA se está esforzando en hacerlo más atractivo.  Primero eliminó la clásica rivalidad entre Este y Oeste, pasando a un sistema de capitanes, dónde los jugadores con más votos elegían sus equipos (igual que en el recreo).  No funcionó y ahora el formato es un torneo entre cuatro equipos con partidos a cuarenta puntos, con tres equipos seleccionados por sus méritos y otro traído a través del partido de los jóvenes del viernes. 

    Keyonte George luchando un balón con Damian Lillard // REUTERS

    ¿Dónde quedó la magia de los concursos?

    El concurso de mates ha pasado de evento estrella a decepción constante.  Dicen que tiempos pasados siempre fueron mejores y parece que no se equivocan.  Hubo una época en la que todo se paraba para ver las barbaridades que hacían nombres cómo Michael Jordan, Vince Carter, Kobe Bryant, Zach LaVine o Aaron Gordon.

    Hoy en día, “dunkers” como Ja Morant, Anthony Edwards, Giannis Antetokounmpo han dejado de participar, dando paso a otros menos conocidos.  ¿Por miedo a una lesión? ¿Por qué no les motiva? Son preguntas que la NBA debe replantearse, ya que cada año vemos intentos forzados de innovar, pero sin impacto en el público.  Parece que el Concurso de Mates seguirá siendo una sombra de lo que fue. 

    A diferencia de los mates, el Concurso de Triples es el único que ha ido ganando protagonismo, motivado por el auge del tiro exterior en la liga.  Siempre resulta interesante ver a los mejores “shooters” competir entre ellos.  Stephen Curry, Klay Thompson, Buddy Hield o Damian Lillard han dejado momentos para el recuerdo.  Pero parece que, sólo con los triples, no se puede sostener todo un fin de semana. 

    Mac McClung fue el campeón del Concurso de Mates // REUTERS

    El evento ya no engancha a los de siempre

    Las generaciones que crecieron con Michael Jordan, Larry Bird o Magic parece que están viendo un deporte distinto.  El afán por querer atraer al público juvenil está haciendo que se pierda a los de siempre. 

    ¿Quiere la NBA un evento que sólo quede bien en las redes sociales o quiere uno que emocione a los amantes del buen baloncesto?